sábado, 16 de marzo de 2013

Recuerdos inolvidables. (Capítulo 2)

¡Hola, ratones de biblioteca! Hoy vengo con la segunda parte del relato "Recuerdos inolvidables"


El baúl

El baúl. Había intentado evitarlo, pero después de dos días ya no había podido seguir haciéndolo. Aquel sábado de noviembre, con una taza de café humeante en la mano, abrió por fin los cierres oxidados del baúl. Lo primero que vio fue que estaba dividido en apartados. "Juventud" ponía en el primer cajoncito. "Fantasías" rezaba el segundo apartado."Recuerdos" decía el tercero y último.
Se dijo que debía empezar por el principio. Así, tomó aire, y, con las manos temblorosas, abrió el primer cajón...

Cartas amarillentas y ajadas por el paso del tiempo. A montones. Escritas con la letra cursiva, menuda y nerviosa típica de su madre. Cayeron en cascada cuando abrió el cajón. Ella no sabía que su madre escribía a nadie. Se acomodó en el butacón del escritorio y dejó el fajo de cartas encima de la mesa. Cogiendo la primera, se dispuso a leer.






                                                                                                     
 
 Santander, 8 de julio de 1936.

Querido Pedro:

No sabes cuántas cosas han pasado desde que te fuiste. Mi hermano dice que te olvide, que ya no te voy a volver a ver. Pero, ¿cómo se puede olvidar a un amigo así? Sencillamente, no se puede. ¿Por qué tuviste que irte? No me respondas, ya sé la respuesta. Tu padre y su trabajo, claro. Aunque ya sé que eso son "cosas de mayores", como dicen ellos, no puedo dejar de pensar en lo bien que podríamos haberlo pasado si te hubieras venido a veranear a Santander con nosotros. Te escribo desde allí; nos vinimos hace tres días. Hace un tiempo estupendo, vamos a la playa todos los días, pero... ¿Y si estuvieras aquí? Tengo que dejar de escribirte; nos vamos a ir a pasear a la ciudad. Debo echar esta carta al correo cuanto antes. Contéstame.
 De tu amiga que te añora,
                                               María. 

Se detuvo, pensando intensamente. María era su madre. ¿Por qué tenía ella las cartas?¿No debía habérselas mandado a ese tal Pedro? ¿Se las habría devuelto? Miró el sobre: tenía matasellos de Santander y Madrid, pero no había sido abierto. Le había mandado las cartas. Entonces, ¿por qué no las había abierto? Cogió la segunda carta. Decía así:
                                                                                                             
 
 Santander, 12 de julio de 1936.
Querido Pedro:
¿Por qué no me contestas? ¿Por qué tus cartas me son devueltas sin abrir? No me puedes haber olvidado, ¿o sí? Cada vez que pienso en tu promesa de escribirme a diario, se me parte el corazón. ¿Ya no somos amigos? Me gustaría llorar de rabia y así poder desahogarme. ¡Dime algo! ¿Me añoras? ¡Si supieras cuánto te echo en falta! Por favor, escríbeme.
 De tu amiga que te añora,
                                                 María.


No podía leer más. Acababa de comprender el por qué de las cartas de su madre. Recordaba que hacía muchos años, ella le había hablado de un compañero de la infancia que había tenido, pero que se marchó repentinamente. Le contó también que ella había creído gran parte de su vida que su amigo se marchó a causa del trabajo de su padre, pero que luego había descubierto que eso no era cierto...

4 comentarios:

Silvia V. C. dijo...

Impaciente por leer más. Espero la tercera parte con muchísimas ganas.
Me he quedado estupefacta, escribes de maravilla.
un beso!!

Carmen dijo...

¡Gracias! ¡A mí también me encanta tu forma de escribir! (Y tu blog)

Moon dijo...

¡Es precioso Carmen! Escribes muy bien! ^^
Un besoo!

Carmen dijo...

¡Gracias! Me encanta tu blog y sigo con mucho interés todas las entradas que cuelgas. Estoy deseando que publiques por fin tu novela.