domingo, 10 de marzo de 2013

Recuerdos inolvidables. (Capítulo 1)

¡Hola a todos!¡Por fin! Ya se acabó la semana, y hay tiempo para retomar este rincón de ratones de biblioteca. Hoy, quiero anunciaros una cosa muy importante: voy a escribir (o al menos lo intentaré) un relato cada semana. No tendrán relación unos con otros, porque lo que a mí me va son los relatos cortos. Pero quizás alguno sean capítulos, aún no le sé. El de esta semana sí que va a tener varios capítulos, que publicaré el sábado o el domingo que viene. Se titula...


Recuerdos inolvidables

Todavía no sabe muy bien qué fue lo que sintió al abrir aquel viejo baúl de roble. Había subido al desván de su casa, diciéndose que no podía postergar más el hecho de que su madre había muerto, y que debía poner sus cosas en orden. Y sus propias ideas. Había subido la escalera con una especie de mezcla de temor y... ¿emoción? Emoción porque sabía que iba a recordar cosas que había tratado de expulsar de su mente, recuerdos de cuando era niña, de sus padres, de sus hermanos... Todo aquello hacía que le temblaran las piernas.
Suspirando, abrió la puerta. Su leve crujido le recordó aquel día, seis meses atrás, en que había subido todos los objetos de su madre allí arriba, prometiéndose que sólo volvería a buscarlos cuando estuviera preperada para afrontar todos los misterios que desentraña una vida... una vida entera.
Ya estaba preparada, lo había sabido un día, de pronto. Sonrió como solamente ella sabía hacerlo. Con una mezcla de amargura, de cansada resignación. Esa sonrisa de quien ha pasado la mayor parte de su vida en soledad.
Disponía de una semana para clasificar las cosas de su madre, hasta que llegara el día en que debía partir hacia su propia casa, muy lejos de la de su madre. Después, estaba segura de que jamás volvería a pisar aquellos suelos, a rozar aquellas paredes que la habían visto crecer.
Siete días para poner orden a una vida entera... Poco tiempo, lo mirase por donde lo mirase. Se recogió el pelo y empezó.
 
Lo primero que hizo fue separar los vestidos. Ella no quería  ninguno, pero tampoco quería dárselos a nadie más. Su madre tenía una personalidad demasiado fuerte. Unas costumbres demasiado fijas, que se marcaban en cuanto hacía, tenía y vestía. Los vestidos olían a limón, a humo de la chimenea, a... su madre. Pero se dijo que las cosas no podían retenerse toda la vida, y aquellos vestidos estaban todavía en buen estado. Decidió entonces regalárselos a su vecina, la señora Amelia, una señora muy mayor que malvivía en un piso de alquiler y andaba más que justa para cubrir con su poca pensión sus escasos gastos. "Le harán ilusión", pensó.
Luego venían las joyas de su madre, que, en realidad, para ella, eran lo que menos valor tenía. Las guardó en una cajita y se dijo que ya decidiría, que todavía tenía tiempo. Después venía eso, el baúl...

6 comentarios:

Julia dijo...

¡¡ME ENCANTA!!
Escribes genial!
Estoy impaciente por el próximo capítuloo! :D
Una pregunta: Ibas a clase con unos chicos que se llamaban Miguel y Álex?
Un besoo!

Carmen dijo...

¿Del Verdemar? ¿Miguel Lamadrid y Álex Rivas? Si son ésos, ¡sí!

Silvia V. C. dijo...

Impresionante!! me encanta!
Carmen escribes GENIAL
Me pasare por tu blog más a menudo ya que es estupendo
Besos!

Carmen dijo...

¡Vale, gracias! A mí también me encanta tu blog (acercate-a-mi-mundo.blogspot.com). Me gusta mucho el tema del viaje a París: es una ciudad que da para mucho... Un saludo,Carmen.

Silvia V. C. dijo...

La dirección es acercate-amimundo.blogspot.com

Carmen dijo...

Vale, lo siento.