lunes, 29 de abril de 2013

Un libro es un tesoro

Nunca lo olvides. Un libro es un tesoro. Porque cuando estás triste, cuando quieres reír, cuando quieres soñar... El mejor modo de conseguir alegrarte o de poder reír y dejarte llevar es por medio de un libro. Porque los libros son un segundo hogar. Porque nos acogen en sus brazos y nos acunan. Un libro es un tesoro; no lo olvides nunca.


domingo, 28 de abril de 2013

Mi mundo de aromas (1ª parte)

¡Hola a todos! Como siempre, vengo con muchas ganas de retomar nuestro pequeño rinconcito en la gigantesca biblioteca de las palabras. Y lo hago, nada más y nada menos, que con un nuevo relato. Todos se me van ocurriendo sobre la marcha, así que no sé cuándo acabará este. Pero ya sé el título:



Mi mundo de aromas


Me llamo Blanca y tengo catorce años. Vivo en Madrid con mis padres y mis tres hermanos pequeños. Empezaré por presentarlos a ellos. Mi madre es una mujer incansable y luchadora. Es profesora de historia en un instituto. Le gusta pasear y escuchar música clásica.
Mi padre es muy especial. Hace de todo por ver feliz a su familia. Trabaja en una agencia inmobiliaria.
Mis hermanos pequeños, Juan y Pedro, son gemelos. Dos terremotos de siete años descontrolados. Mi hermana pequeña, Marta, tiene cinco años.
Y luego estoy yo. Blanca. Ciega de nacimiento, pero más lista que el hambre; eso dice siempre mi padre. También dice que mi falta de visión se compensa con creces con mi sentido del olfato y del oído. Y es cierto. Siempre me he guiado por la nariz. Así, para mí es importante que todo huela bien; por eso, a veces no me gusta mi ciudad. Las estaciones de metro a veces tienen un olor insoportable. Pero bueno, qué se le va a hacer.

Todo era de lo más normal hasta que la oficina de mi padre se trasladó. A París; nada menos. Para mí fue un  gran golpe; pero luego me di cuenta de que, en realidad, la idea me gustaba. ¿Por qué no? Sitio nuevo, gente nueva... Los tres mese siguientes fueron bastante caóticos: embalar, decidir qué nos llevábamos y qué dejábamos... Todo transcurrió velozmente. Pero, al fin, el 3 de mayo, tomamos el avión para París. Hacia la aventura, ¿no?

Los días de nuestro acomodamiento en la capital francesa fueron pocos. Tres, a lo sumo. Los pequeñajos empezaron a ir al colegio, y yo a un instituto cercano a nuestra casa. Todos los días caminaba durante media hora y ya estaba allí.

El instituto no estaba mal. Yo había dado clases de francés durante varios años y ya sabía bastante. Seguía las lecciones con pocas dificultades, teniendo en cuenta mi falta de vista.

Los profesores me daban libros especiales en Braille, pero yo sabía escribir de forma normal. Había bastantes alumnos ciegos en el centro, y enseguida hice amistad con todos ellos. Iba bien en clase.





Pero, en realidad, lo que más me gustaba de París  eran los aromas. En mis tempranas caminatas por la ciudad, descubría olores totalmente maravillosos para mí, que nunca antes había olido en una gran ciudad.
Pan tostado, cebollas friéndose para la comida salían de las ventanas de los parisinos. Y cuando llovía... Gloria pura. Los aromas de la tierra mojada entraban en mi olfato y embriagaban mis sentidos. Y si entre el olor de las gotas llegaba el de una tarta de manzana haciéndose en el horno o el de el chocolate fundido, en ese momento no era capaz de pedirle nada más a la vida.


Libro de la semana

¡Ya se ha terminado el plazo del "Título misterioso"! Este también era muy fácil, pero nadie ha respondido. La solución era "La historia interminable". Bueno, aquí va el de esta semana:




¡Espero que os animéis!

domingo, 21 de abril de 2013

Nunca sabes qué esconde cada persona

Nunca sabemos que hay detrás de cada persona. Cuáles son los sueños que tiene cada uno. Eso es algo que jamás podremos adivinar a simple vista. Esa mujer sonriente que te encuentras en la panadería todas las mañanas puede padecer una enfermedad que le asegura menos de un año de vida. Por eso sonríe. Porque sabe que tiene una ventaja: ella puede apreciar todo lo que tiene, mientras que los demás viven pensando qué más podrían tener. El cartero que pasa todos los días frente a tu puerta con el ceño fruncido puede ser un experimentado escalador que se ha jugado la vida varias veces. Por eso, hay que respetar a todas las personas, sean como sean. Porque nunca sabes qué guardan en su interior.

Este relato se me ocurrió hace unos días, mientras miraba por la ventanilla volviendo a casa en autobús.

viernes, 19 de abril de 2013

Título para adivinar (2).

¡Muy bien, Silvia! Has sido la única que ha adivinado el título. Era "Las aventuras de Tom Sawyer". No era muy difícil, pero me parece que no nos visita mucha gente... Bueno, de igual. Yo sigo publicando, con la esperanza de que cada vez haya más ratones que nos lean. Por eso, ahí va el siguiente título para adivinar:


sábado, 13 de abril de 2013

Primer título para adivinar


Vale, ahí va el primer libro para adivinar. Sea cual sea vuestra opinión, dejadla en "Comentarios". Yo la publicaré aquí el sábado que viene, junto con la respuesta correcta y los ganadores. ¡Ánimo, que ésta es fácil!




Cosillas para deciros

¡Hola a todos los ratones de biblioteca! Hoy os quiero decir varias cosas:

  1. No voy a seguir con el relato anterior, no me gusta mucho cómo me ha quedado.
  2. Voy a comenzar una historia más larga que las otras. Todos los fines de semana publicaré un nuevo capítulo.
  3. Voy a empezar a hacer una especie de concurso (pero sin premio por ahora). Consiste en lo sisguiente: yo voy a colgar la imagen de la portada de un libro a la que he quitado el título, y vosotros me tenéis que decir cuál es. ¿Os parece bien? Ahora mismo voy a colgar la primera portada en otra entrada.

domingo, 7 de abril de 2013

Relato sin título (por ahora)

¡Se ve que hoy estoy inspirada! Hoy se me ha ocurrido un relato entretenido, que seguramente se alargará también, como el otro, unos cuantos capítulos. Aún no sé el título, ya se me ocurrirá.

Es lunes por la mañana. Me despierto completamente despejada, como siempre. A pesar del frío (ya estamos casi en diciembre), camino descalza por la alfombra de mi habitación. Abro la ventana, y una ráfaga de aire helado se me cuela por los pulmones. Mejor no, mejor la dejo como está. Bajo a desayunar; un bol de cereales con leche. Como siempre. Nada parece ser diferente a otros días. Me visto, me aseo y cojo mi mochila. Los libros y los cuadernos pesan como un yunque de hierro en mi espalda. Son las ocho en punto de la mañana. Puntual como un reloj, salgo de mi casa y pongo rumbo al instituto.

Me llamo Sara. Tengo trece años; soy bajita y delgada. Mi rasgo más característico mi pelo, de un color rojo encendido. Unas gafas redondas se apoyan sobre el puente de mi nariz. Vivo con mis padres, mis cinco hermanos mayores y mi perro labrador, Blot. Soy espabilada, me gusta estudiar y hacer deporte. Juego muy bien al hockey y puedo correr muy rápido. Me gusta resolver acertijos y adivinanzas, dibujar y leer. siempre imaginé que algún día resolvería algún misterio de verdad... Lo que no imaginaba era que éste iba a llegar tan repentinamente.

Cuando llegué a mi clase, acababa de tocar el primer timbre. Me senté en mi pupitre y saqué mis libros. Tocaba Matemáticas,la clase más aburrida.

El día se me pasó bastante despacio. Por fin llegaron las dos y media y me fui a casa a comer. El aire cálido del interior me recibió con los brazos abiertos. También Blot vino a verme, lamiéndome las manos con su áspera lengua. Mmmmm... La sopa y el filete que me había preparado mi padre me supieron a gloria. Después, subí a mi cuarto a hacer los deberes. Pero entonces descubrí que había algo raro. Estaba completamente segura de que había guardado en la mochila mi cuaderno de Inglés después de la clase, pero, por más que busqué y busqué, no pude encontrarlo. Medio enfadada medio desconcertada, decidí que lo buscaría al día siguiente. Estaba confusa. ¿Me lo habrían robado?
Al día siguiente empecé a buscarlo. La verdad, lo que ocurrió fue bastante extraño...

P.D: Enviad a mi correo (cmartinez.albericia@gmail.com) sugerencias para el nombre de éste relato.


sábado, 6 de abril de 2013

La sombra del viento


¡Hola! Tal y como os prometí, hoy vengo con la reseña del libro de "La sombra del viento".
 
Título del libro: "La sombra del viento".

Autor/a : Carlos Ruiz Zafón.
 
Precio: 32,40 €
 
Resumen del libro: La vida de Daniel cambia cuando su padre lo lleva al Cementerio de los Libros Olvidados. Tendrá que descubrir el enigma que rodea al misterioso autor, de su vida y de sus pocos y raramente exitosos libros. Todo ello en una edad difícil, en la que se descubre poco a poco el amor y la verdadera amistad.
 
Opinión: Me ha gustado mucho. Eso sí, hay que tener en cuenta que es un poco denso; así que hay que leerlo de forma continua y sin desengancharse del argumento.
 
¿Qué me ha gustado? ¿Qué no me ha gustado?: Me han gustado mucho las partes de misterio, y la historia paralela de la vida del "verdadero" escritor del libro. También es muy bonito el sentido de amistad y lealtad que transmiten algunas partes.
 
¿A quién se lo recomiendo?: A personas de 12 años en adelante. Es un libro "sin edad". Eso sí, hay que tener en cuenta que algunas partes hacen referencia a hechos más o menos históricos que pueden resultar difíciles de asimilar.

Recuerdos inolvidables. (Capítulo 4)

¡Último capítulo! ¡Fin de la historia! ¿Cómo se resolverá el misterio? ¿Se sabrá al fin el misterio de la vida de la madre de la mujer? ¿O el enigma quedará sin resolverse? Todo a su tiempo...


El tercer cajón, "Recuerdos", escondía un misterio, estaba segura. Lo abrió lentamente y dejó que el papel de seda se deslizase por sus manos entre crujidos. Cerró los ojos. Aspiró el aroma. Allí estaba. Recuerdos. De ella, de sus hermanos. Eran el tesoro más valioso para ella. Los iba cogiendo, mirando, todo con infinito cuidado, dejando que su mente se transportase treinta años atrás.

Había una mantita de lana que olía a abrótano y a tomillo. Era la manta en la que la habían envuelto en sus primeros meses de vida. Un diminuto gorrito de bebé. Sus primeros zapatos de verdad. Estaban rotos y desgastados, llenos de barro, arena y hierba. Pero también llenos de recuerdos...

Era una tarde soleada. Yo estaba tumbada en la arena, con los ojos cerrados. Las botitas de mi hija descansaban a mi lado. Aun estando sucias y gastadas, mi niña no había podido resistir la tentación de llevarlas a darse el primer chapuzón de la temporada.
Sonreí mientras los rayos de sol me acariciaban la piel. Yo no había sido capaz de negárselo. Ahora la veía tan contenta... Su sonrisa era tan especial...

Encontró el primer tirachinas de su hermano pequeño, aquél con el que había roto el cristal de la escuela; la cartera escolar de su hermana mayor, ya fallecida; la cestita con la que todos los años había salido a regoger setas y nueces en otoño; la gorra escolar colorada y gris de su hermano mediano; el colgante de su hermana pequeña...



Pero su sorpresa y su emoción no tuvieron límites cuando descubrió una pequeña cajita de latón con su nombre. Tenía los ojos empañados de lágrimas; aún así, consiguió abrirla con cautela. 


Era suyo, sólo suyo. Recuerdos que ella y su madre habían compartido. El primer diente de leche que se le había caído; un mechón de pelo finísimo, el primero que le habían cortado. Una flor reseca y aplastada, que recordaba haberle entregado a su madre como una ofrenda de paz y perdón en su primera pelea, a los diez años...

No había podido resolver el misterio de la vida. ¿Quién podría hacer eso? Pero siempre recordaría a su madre como lo que en verdad fue: una mujer fuerte, decidida y luchadora, que dio su tiempo y sus sueños por criar a su familia, por hacer que todos sus hijos creciesen sanos y con el alma pura.