domingo, 12 de mayo de 2013

Mi mundo de aromas. (3ª parte)

Hoy también vengo con la tercera parte del relato que tenemos "pendiente". Espero no saturaros con las entradas...

¡Por fin sábado! Aunque tengo que reconocer que me gusta la jornada escolar, también me encantan los fines de semana. A menudo, cuando acabo los deberes, voy a pasear a un parque cercano con mis hermanos mientras mis padres disfrutan de una merecida hora más de siesta: los pequeños siempre se levantan muy temprano. Vamos tanto a ese parque que una señora que pasea por allí con su perro (sus frenéticos ladridos se oyen a más de dos calles de distancia) ya ha acabado por reconocernos a los cuatro.

Mientras Marta acaricia a Brun, el perro, Juan y Pedro se columpian y yo hablo con la mujer, la señora Fernand. Es una mujer simpática y parlanchina; tanto, que a veces me cuesta entenderla de lo rápido que habla.


La rutina de los sábados es siempre igual: a eso de las cinco, volvemos a casa, nos arreglamos y salimos de nuevo, esta vez con mis padres. Solemos ir al centro de la ciudad. A mi madre y a mí nos gusta ir a las librerías que hay a lo largo de la calle de los Campos Elíseos.
Ahora que ya empieza a hacer calor, toda la familia nos solemos sentar en una de las terrazas que hay en esta avenida.
Luego, a las ocho, volvemos a casa. Todos los pequeñajos se bañan y se ponen el pijama.

Cenamos, vemos un rato la televisión, y luego, a la cama. Pero justo ahí es donde empieza la magia...

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