miércoles, 15 de mayo de 2013

Mi mundo de aromas. (4ª parte).

¡Hola a todos, ratones de biblioteca! Hoy, no sé cómo, me las he arreglado para hacer un hueco, y vengo con la continuación del relato. ¿Vosotros creéis que ya tendría que terminar? De momento, yo no estoy muy segura. Bueno, ahí va:

Por las noches, me encantaba esperar a que todos los demás se hubiesen dormido. Entonces, cogía un cuaderno y mi lápiz de Braille, bajaba a la cocina y me preparaba una taza de leche caliente que iba bebiendo a sorbitos mientras surgían historias sobre el papel. Después de calmar mi ansia de escribir, volvía a la cama, con la sensación de haber hecho un buen trabajo.

Al día siguiente me despertaba descansada y de buen humor. Fue el caso de esa mañana de domingo. Mientras desayunaba con mi padre, hacía planes para el día. Estaba pensando en ir a pasear al centro de la ciudad.

Así hicimos. A eso de las once, Juan, Pedro, Marta y yo salíamos por la puerta del portal y nos dirigíamos a la avenida de los Campos Elíseos. Marta me iba informando de la gente que le llamaba la atención.

- Eh, Blanca -decía tirándome insistentemente de la manga de la camisa- Ese señor de ahí tiene una pinta más rara... Parece que esté chupando un limón.

Yo me reía de las ocurrencias de mi hermana pequeña, y le pedía que me describiera la forma de las nubes. Ella lo hacía lo mejor que podía, y a mí me encantaba el esfuerzo que hacía por complacerme.

-Esa de ahí arriba parece un perrito -aunque yo no podía verla, intuía que estaba frunciendo el ceño de pura concentración- Y esa de allá a lo lejos... -se reía- ¡Pareces tú! Un poco torcida hacia este lado -su manita regordeta se agitaba en el aire-, pero tú.

Mientras reía, pensaba en la suerte que tenía al tener una familia y un hogar.


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