martes, 25 de junio de 2013

Relato (sin título).

Bueno, ratones... Lo primero, como siempre: ¡Hola a a todos! Lo segundo: parece que, según nuestro horario de verano, ayer nos tocaba un relato, pero no me dio tiempo a terminarlo, así que lo pongo hoy. Creo que voy a hacer uno un poco fantástico, de magia y todas esas cosas (debe ser que después de leer Harry Potter estoy inspirada). Supongo que se extenderá unos cinco capítulos, más o menos, pero puede que sea un cuento más largo... aún no lo sé. No tiene título, por eso me gustaría que me dejarais sugerencias. ¡Espero que os guste!


Amanecía cuando Acai salió de su casa. Hinchó los pulmones y dejó que el aire fresco de la mañana llenase su pecho. Mientras se recogía el pelo castaño en una trenza, se acercó al pozo del jardín. Estaba lleno de pequeñas y saltarinas criaturas, que más de una vez la habían ayudado para las pociones y las curas.
Acai se dirigió de nuevo hacia la casa, no sin antes respirar profundamente una vez más. Empujó la puerta y se encontró en la cocina, grande, limpia y ordenada.
Cogió unas tortas de avellana que había hecho su padre la noche anterior y después, caminado de puntillas para no despertar a sus hermanas, fue a su habitación. Era una estancia pequeña pero muy luminosa, con estanterías grandes de madera que estaban llena de gruesos y polvorientos libros sobre pociones y encantamientos. Escogió un libro (aparentemente al azar), se sentó sobre la cama y, dando un gran mordisco a una de las tortas de avellana, se puso a  leer.

Se levantó cuando un murmullo casi imperceptible, pero no para su agudizado oído, comenzó a extenderse por la habitación de dos de sus hermanas pequeñas, Lerian y Cisus. Sonriendo para sí, decidió hacer algo que siempre les sorprendía de pequeñas. Utilizando sus poderes, Acai podía convertirse en el ser vivo que quisiera. Sus preferidos eran las aves:  golondrinas y águilas, halcones y petirrojos, jilgueros, ruiseñores... Sin embargo, ese día hizo algo distinto. Se acercó sigilosamente a la puerta y, una vez allí, giró sobre sí misma, murmuró unas palabras y se vio convertida en un escarabajo.
Se coló por debajo de la puerta y aguardó unos instantes. Justo cuando creía que había entrado sin ser advertida, notó una ráfaga de aire a su alrededor. Salió despedida hacia arriba y aterrizó encima de la cama de Lerian.
- ¡Ja! ¡Te pillé!- exclamó Cisus, victoriosa, mientras agitaba sus manos en el aire.
- Claro, había olvidado que tengo ante mí una bruja del viento de tercer nivel.- repuso Acai riendo, volviendo a su forma humana- Sería raro que no me hubieras pillado.
- Pues ya que estamos, vamos a divertirnos un poco, ¿no?- dijo Lerian, con una risita.
- ¡Eso! ¡Haz eso que sabes hacer, Ler!- la secundó su hermana gemela.
Acai notó cómo sus zapatillas salían volando, seguidas por su bata. Lerian podía mover las cosas. A veces parecía gracioso cuando se ejercitaba con otra gente aparte de sus hermanas, pero esto sucedía raramente.
- ¡Ya está bien, Lerian!- gritó Acai, debatiéndose entre la risa y el enfado- ¡Suéltame!
- Este es el inconveniente de ser una familia de magos.- Cisus estaba comiéndose tranquilamente una torta de avellana, sentada encima de la cama. Pegó un enorme bocado y tragó. - Que todo está lleno de imprevistos.

2 comentarios:

Esti García Sanmartin dijo...

Precioso!! Me ha encantado.
Un beso ^_^

Carmen dijo...

¡Muchas gracias! ¿Se te ocurre algún título para este relato? ¡Agradecería un montón todas vuestras opiniones!