jueves, 18 de julio de 2013

El secreto del río (capítulo II)

¡Hola! Tal como os prometí, hoy traigo una entrada nueva: la segunda parte del relato que teníamos pendiente, que he decidido que se va a llamar "El secreto del río" (de momento, porque luego igual me da por cambiarlo). Siento haber tardado tanto, pero es que no tenía inspiración ni tiempo. Aquí va:

El secreto del río (capítulo II).

Poco después de aquel encuentro con sus hermanas, Acai decidió salir a dar un paseo a lomos de Methéreon, su caballo alazán. Galoparon por las verdes praderas, retumbando los cascos en el suelo. La hierba alta rozaba las patas del caballo, que relinchaba feliz. 
Cuando llegaron a una cascada de agua cristalina, se detuvieron a descansar. Acai decidió entregarse a su pasatiempo favorito: repitió el movimiento que había utilizado anteriormente ante la habitación de sus hermanas, pronunció las mismas palabras y se convirtió en un halcón.

Planeando sobre el río, deslizó la punta de sus alas por el agua. De repente, una sombra cayó sobre ella. Inquieta, Acai volvió a la orilla e invocó de nuevo su propio aspecto. Poco después, se oyó una voz profunda y vibrante, que envolvió el ambiente como una cálida manta.
- ¿Qué haces aquí, niña maga? Sabes que estos son mis dominios.
- Sí, señor del río, pero usted sabe tan bien como yo que nosotros, los humanos, podemos estar aquí sin peligro alguno- Acai no estaba dispuesta a dejarse amedrentar tan fácilmente.
El hombre del agua bufó. Sólo entonces, cuando él se encontraba mirando el agua, pudo la maga observarlo atentamente. El Espíritu del río era alto y delgado. Su cuerpo tenía un extraño color etéreo que no era blanco ni de ningún otro color, sino una especie de mezcla plateada en la que se arremolinaban hebras de color ambarino. Todo ello se confundía, dando lugar a una textura translúcida y fascinante. Aquel ser se vestía con una larga túnica de color verde esmeralda, y adornaba su cabeza una corona de juncos entrelazados.
El carácter del hombre del agua era digno de mención. Variable como una veleta, las más veces se hallaba de buen humor; vigilaba los campos y procuraba a los campesinos todo su sustento. Pero en época de lluvias, se volvía arrogante y tozudo: destrozaba todo cuento había a su paso para dar a entender su poder. Sin ninguna duda, en aquel momento estaba enfadado por algo.
- ¿Qué le pasa?- preguntó la chica.
El Espíritu pareció súbitamente abatido. Dejó caer las manos en un signo de impotencia.
- Tengo un enorme problema del que ni siquiera vosotros, los hechiceros, podéis liberarme.
- ¿Qué es? Si está en nuestra mano, le aseguro que lo haremos.
- Alguien está secando el río- respondió él con voz afligida.- No sé cómo ni por qué, pero lo hace rápidamente. Hay que pararlo.


Y además, he encontrado una reseña que me ha gustado mucho del libro "Bajo la misma estrella". Está hecha por Cotito, del blog "Leyendo entre letras", y me ha gustado mucho porque creo que refleja muy bien la intención del autor al escribir el libro. Para verla, haz clic aquí

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