miércoles, 28 de agosto de 2013

Relato/novela (sin título)

¡Hola a todos! Ahora pongo la entrada que os dije, que es un relato. ¿Y sabéis qué? ¡Creo que lo voy a convertir en novela! ¿Qué os parece?

¿Crema de yogur y fresas o pastelitos de chocolate? El gran dilema de mi vida.
Desde que tengo uso de razón he sentido debilidad por la cocina. He crecido pegada a los fogones. Un cazo con leche para hacer postres y un cuaderno lleno de recetas siempre han descansado en la encimera de la cocina de mi casa. Mi madre, mi abuela y otras tantas generaciones de mujeres de mi familia se han ido transmitiendo recetas, trucos e ingredientes "mágicos" las unas a las otras.

Y yo crecí viendo, oliendo y aprendiendo cómo cocinaban dos de ellas: mi madre, Marie, y mi abuela, Hannah. Tengo una historia que contar, pero primero os hablaré de ellas.
Heavan Marie Kerr fue hija de judíos que, en 1942, huyeron de Alemania durante la ascensión de Hitler al poder. Cuando ella, sus padres y sus tres hermanos llegaron a París, su madre (mi abuela) encontró trabajo como cocinera en casa de un político, y allí terminó de perfeccionar el arte que durante toda su vida había practicado, transmitiendo a su hija todo su saber. Mi madre tenía entonces doce años.

Recuerdo a mi abuela tal y como uno se espera que sea una cocinera. O al menos como yo, a la tierna edad de seis años (cuando ella murió) pensaba que eran: bajita y regordeta, con una cara tan redonda y blanca como las hogazas de pan que amasaba. Su rostro, salpicado de pecas, estaba siempre adornado con una enorme sonrisa, que custodiaban dos pequeños hoyuelos. También destacaba en ella su pelo, largo, liso y pelirrojo. Mi madre y yo hemos heredado su piel y su pelo, además, claro está, de su pasión por la cocina. Pero, en fin, continúo nuestra historia.
CATEn 1954, Marie Kerr se casa con Pierre Bouvier, con quien, durante los siguientes cinco años, tiene cuatro hijos: Pierre, Max, Marie y Sophie.
Y así, en una tarde lluviosa y otoñal de París de 1957, nací yo, Sophie Bouvier, de 50 cm. de altura y 3.250 kg. de peso. Ahora os hablaré de mí:

Tengo treinta y ocho años; soy soltera y vivo con mi gato en el número 7 de la Quai d'Orsay. Mi madre suele decirme, cada vez que viene a verme, que estoy en la flor de la vida y que aún puedo pescar un buen marido. Pero soy completamente feliz tal y como estoy; tengo un trabajo de ocho a cuatro como secretaria en una oficina al lado mismo de mi piso; una gata comilona que me hace compañía y una docena de libros de recetas que, aunque ya me sé casi de memoria, todavía me ayudan a salir del paso cuando no recuerdo cuántos mililitros de nata hay que echarle al helado de caramelo.

Paris ♥ | via Facebook
Aparte de la cocina (que, lo reconozco, es a lo que me dedico todos los días durante la mayoría de la tarde), tengo otras aficiones: adoro la pintura, y también me gusta mucho pasear.
Los sábados por la tarde, como salgo del trabajo algo más tarde que los demás días, en lugar de cocinar suelo ir a pasear por el río Sena, contemplando el cielo de París (a mis ojos, la ciudad más bonita del mundo). Si el tiempo lo permite, llevo mi cuaderno de dibujo y mis acuarelas y pinto hasta que me siento en paz con el mundo.

1 comentario:

Silvia Soñadora dijo...

Precioso!
Me encantaría que hicieras una novela de este relato.
Un beso ^^